¿Qué se podría decir en este 8 de marzo sobre la situación de la mujer que no se haya dicho hasta ahora, particularmente en el último año, en que han ocurrido muchos eventos que han colocado el tema de la mujer en la primera plana del debate? En realidad, se podría decir mucho, muchísimo, considerando la efervescencia del debate nacional reciente sobre aspectos específicos de los derechos de la mujer, desde la participación igualitaria en las listas a cargos electivos en los partidos políticos, el acoso en el ámbito de trabajo y en la calle, violencia contra la mujer, hasta el debate sobre el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo.

Ya no hay quien ignore el Día Internacional de la Mujer, aquí y en el mundo. Podríamos haber dicho ‘afortunadamente’, pero los logros en materia de derechos conseguidos por las propias mujeres en 150 años de movimiento y su visibilidad, no tienen nada de afortunado.

Como sabemos ya, el 8 de marzo se ha establecido como el Día Internacional de la Mujer para celebrar sus logros sociales, económicos y políticos, a lo largo del tiempo y a través de muchos países en el mundo. Originalmente, un mismo día de 1917 las mujeres rusas habían ganado acceso al voto, unos días después de la abdicación de Nicolás II, zar de Rusia. El día 8 de marzo fue declarado feriado en ese país y por años se celebró en países socialistas y comunistas, hasta que en 1975 fue adoptado por Naciones Unidas como el Día Internacional de la Mujer.

Hace sólo un mes, el 6 de febrero del 2018, se cumplieron 100 años de la conquista del voto por las suffragettes británicas. Por diez años el voto no fue exactamente para todas las mujeres, pero finalmente todas tuvieron acceso al mismo. Dos años más tarde, en Estados Unidos, las mujeres coronarían una lucha de décadas con la incorporación de la decimonovena enmienda en la constitución de los Estados Unidos (1920) que extendía el derecho al voto para la mujer. Rita Ribeiros es considerada la primera mujer que votó en Latinoamérica, el 3 de julio de 1927, en un plebiscito en Cerro Chato, en el Uruguay. En este plebiscito se decidía en qué departamento quedaría el pueblo. El voto femenino en ese país se aprobó 11 años más tarde, en 1938. Veinticinco años más tarde de aquel momento histórico, las mujeres votaron por primera vez en la Argentina, noviembre de 1951.

¿Por qué esta referencia al movimiento por el voto de la mujer? Porque hace 100 años que los movimientos por el voto comenzaron a conseguir sus primeros logros, y no se detuvieron allí. Estos crecieron y se expandieron como movimientos por los derechos de la mujer que, con sus altibajos, no han detenido su marcha, conquistando derecho tras derecho tras derecho para la mujer, expandiendo su esfera de actividades fuera de la casa, adonde era relegada, y por la mayoría de los países del mundo.

Es en la lucha por el sufragio que los movimientos de mujeres fueron cobrando fuerza y forma, avanzando, a lo largo del Siglo XX, en la conquista de nuevos derechos – derechos de los que ya gozaban los hombres. En Estados Unidos, las mujeres que se movilizaron inicialmente por el voto eran parte de lo que, unas décadas antes, fue el movimiento abolicionista de la esclavitud.  Al principio, en la segunda mitad del Siglo XIX, no era sólo acerca del voto, pero en algún momento hubo una confluencia en el derecho al voto, para asegurar el resultado.

El movimiento por el voto produjo el entrenamiento político para muchas mujeres de la época y para las que le siguieron. Las marchas fueron masivas y desafiaron también a las autoridades que obstruían la expansión del voto, que también fue una lucha por cambiar y por la igualdad de derechos. En adelante, la narrativa del feminismo fue afectando la forma cómo la gente pensaba (o se oponía). Las mujeres ‘invadieron’ las Universidades y surgieron profesionales mujeres en números que impresionan, importantes líderes mujeres surgieron, campañas, apoyos políticos, más empleos para mujeres.

Estos son momentos muy especiales, la lucha por los derechos civiles es y ha sido siempre muy especial. Pensemos solamente a todos los temas que, en este último año han aparecido en el debate público en la Argentina, que ha colocado el tema de los derechos a niveles que han sido aprovechados por el movimiento de las mujeres, y todos los hombres que se identifican con el movimiento, para mantener el debate vivo, formativo e informado. Hay un legado que debe ser mantenido, logros que precisan ser consolidados y extendidos al conjunto, derechos que, siendo incluso evidentes, ha costado mucho conseguir y otros que aún no se han conseguido.

El sector cooperativo y mutual argentino aún se debe su debate. La participación de la mujer en los puestos de decisión de las entidades cooperativas y mutuales argentinas aún es baja a muy baja, si bien el porcentaje cambia en cada sector y categoría. Nos ilusiona escribir ‘aún’, pero por ahora dejémoslo así, como una ilusión. Hay otros debates en curso: la renovación de los liderazgos, la incorporación de nuevas masas de asociados, la edad promedio de sus dirigencias, la necesidad de acercar a la juventud, etc. pero la participación de la mujer en cargos directivos debe ser parte del debate.

Uno podría dudar del futuro de una institución que no haya hecho más esfuerzos para asegurar la incorporación y participación efectiva de la mujer en cargos de decisión, si el propio movimiento no cargase en sus espaldas con más de 120 años de gloriosa existencia en el país. Además, uno no puede dejar de pensar en la mujer asociada como el sujeto ideal para promover en las cooperativas la autoayuda, la democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad, principios que están en el corazón del movimiento cooperativo y mutual argentino.

Tiempo de debate, también para nuestro sector.

Rodolfo Lauritto
Ex funcionario de una agencia especializada de Naciones Unidas en Roma y Nueva York. Actualmente colabora con el Programa de Cooperativismo y Economía Social en la Universidad, de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación.

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