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Las refle­xio­nes sobre la cri­sis económica y social des­en­ca­de­nada a par­tir de 2008 en la peri­fe­ria Sur de Europa Occi­den­tal se han cen­trado prin­ci­pal­mente en los aspec­tos finan­cie­ros de la misma. Sin embargo, como seña­lan Ben­ja­mín Coriat y otros auto­res fran­ce­ses del grupo de “Eco­no­mis­tas Ate­rra­dos”, la finan­cia­ri­za­ción de la eco­no­mía se ha tra­du­cido tam­bién en pro­fun­das trans­for­ma­cio­nes de las estruc­tu­ras y de la forma de fun­cio­na­miento de las empre­sas, favo­re­ciendo la ines­ta­bi­li­dad gene­ral del sis­tema capi­ta­lista (“Cam­biar de eco­no­mía”, FUHEM, 2012).

 

Estas trans­for­ma­cio­nes tie­nen con­se­cuen­cias muy impor­tan­tes en la con­for­ma­ción del tipo de capi­ta­lismo de casino que se ha ins­tau­rado como hege­mó­nico (aun­que no único), con con­se­cuen­cias muy nega­ti­vas en el aumento de las desigual­da­des, la ines­ta­bi­li­dad, la inse­gu­ri­dad, y la desin­dus­tria­li­za­ción. Igual­mente, afec­tan a las reglas y nor­mas que rigen a las gran­des empre­sas (la gober­nanza de las mis­mas), y las for­mas de orga­ni­za­ción y ges­tión del tra­bajo en dichas empresas.

 

Las gran­des empre­sas tra­di­cio­na­les diri­gi­das por geren­tes (las empre­sas geren­cia­les o cor­po­ra­cio­nes) cons­ti­tu­ye­ron desde el siglo XIX el tipo habi­tual de empresa en el desa­rro­llo capi­ta­lista hasta los años setenta del siglo XX, con ras­gos bási­cos de jerar­qui­za­ción de la estruc­tura orga­ni­za­tiva, fuerte con­trol admi­nis­tra­tivo y una ges­tión orien­tada prio­ri­ta­ria­mente al cre­ci­miento de la empresa y sus acti­vi­da­des pro­duc­ti­vas. Esta vin­cu­la­ción de las acti­vi­da­des de las empre­sas con el cre­ci­miento eco­nó­mico real de la eco­no­mía otor­gaba a las mis­mas una fun­ción social que con el trán­sito al capi­ta­lismo finan­ciero se ha ido per­diendo pau­la­ti­na­mente, aun­que parece seguir alo­jado en el ima­gi­na­rio ideo­ló­gico colectivo.

 

En efecto, la sus­ti­tu­ción de la con­duc­ción de las empre­sas geren­cia­les por el tipo de empresa donde pri­man prin­ci­pal­mente los intere­ses finan­cie­ros de los accio­nis­tas cons­ti­tuye un hecho cru­cial. Entre los fac­to­res prin­ci­pa­les de esta trans­for­ma­ción del capi­ta­lismo actual­mente hege­mó­nico, hay que citar la cre­ciente con­cen­tra­ción de las accio­nes de las empre­sas entre los fon­dos de inver­sión e inver­so­res espe­cia­li­za­dos que, por ejem­plo, poseían en Esta­dos Uni­dos en 1970 sólo el 10% de las accio­nes de las empre­sas que coti­za­ban en Bolsa y en 2006 ya con­cen­tra­ban el 60% (Coriat y otros, 2012).

 

EL aumento de la influen­cia de estos agen­tes finan­cie­ros ha con­fi­gu­rado nue­vas for­mas de ges­tión empre­sa­rial, pre­sio­nando a los diri­gen­tes de las empre­sas a la obten­ción de tasas de ren­ta­bi­li­dad ele­va­das, dando la pri­ma­cía a los bene­fi­cios de los accio­nis­tas (mediante la com­bi­na­ción de plus­va­lías bur­sá­ti­les y reparto de divi­den­dos), por encima del bene­fi­cio de la empresa y su fun­ción eco­nó­mica y social. Por supuesto, el pre­do­mi­nio de las ideas neo­li­be­ra­les, el avance de las pri­va­ti­za­cio­nes de sec­to­res clave de la eco­no­mía, la des­re­gu­la­ción de los mer­ca­dos y la crí­tica a la pre­sen­cia del Sec­tor Público, han cola­bo­rado deci­si­va­mente a esta con­fi­gu­ra­ción del capi­ta­lismo finan­ciero y los gru­pos empre­sa­ria­les, finan­cie­ros, mediá­ti­cos y polí­ti­cos que lo sustentan.

 

El pre­do­mi­nio del inte­rés por el com­por­ta­miento de los índi­ces bur­sá­ti­les sobre el de las varia­bles reales de la eco­no­mía (nivel tec­no­ló­gico, cali­dad de los recur­sos huma­nos, inves­ti­ga­ción y desa­rro­llo para la incor­po­ra­ción de inno­va­cio­nes, sos­te­ni­bi­li­dad ambien­tal de la pro­duc­ción y for­mas de con­sumo, entre otros aspec­tos sus­tan­ti­vos) ha dis­tor­sio­nado total­mente la supuesta fun­ción social que antes podía argu­men­tarse en favor de la tra­di­cio­nal empresa geren­cial. Los direc­ti­vos de las empre­sas finan­cia­ri­za­das se sitúan ahora al ser­vi­cio de los accio­nis­tas y la crea­ción de “valor accio­na­rial”. A esto es lo que muchos lla­man los intere­ses de “los mer­ca­dos”, los cua­les no hay que des­co­no­cer. En la eco­no­mía de casino ya no pare­cen intere­sar los inge­nie­ros o los tec­nó­lo­gos, sino los espe­cia­lis­tas finan­cie­ros. Pero esto tiene una inci­den­cia clara, como vemos, en el incre­mento de las desigual­da­des, el des­em­pleo o la desin­dus­tria­li­za­ción, entre otras lacras.

 

De este modo, la des­truc­ción del tipo de empre­sas rela­cio­na­das con el desa­rro­llo pro­duc­tivo y el empleo supone la trans­for­ma­ción de los sis­te­mas pro­duc­ti­vos, la varia­ción de las for­mas de ges­tión del tra­bajo, y la inci­den­cia en la dis­tri­bu­ción del valor gene­rado en la pro­duc­ción. En efecto, las empre­sas regi­das por cri­te­rios exclu­si­va­mente finan­cie­ros se cen­tran en aque­llas acti­vi­da­des bási­cas más lucra­ti­vas, recu­rriendo para ello a la exter­na­li­za­ción y sub­con­tra­ta­ción de acti­vi­da­des, con la fina­li­dad de incre­men­tar sus bene­fi­cios finan­cie­ros. Este frac­cio­na­miento y des­lo­ca­li­za­ción de la pro­duc­ción suele ir acom­pa­ñado de ope­ra­cio­nes con­ta­bles y finan­cie­ras no exen­tas de com­por­ta­mien­tos de dudosa lega­li­dad o legi­ti­mi­dad social y fis­cal. Asi­mismo, con el obje­tivo de la “fle­xi­bi­li­dad” labo­ral se asiste a la des­com­po­si­ción, pre­ca­ri­za­ción y estra­ti­fi­ca­ción del colec­tivo de trabajadores/as de las empre­sas, teniendo todo ello una inci­den­cia regre­siva en la dis­tri­bu­ción entre sala­rios y bene­fi­cios, y el reparto de éstos entre la empresa y los agen­tes financieros.

 

Sabido es que la pro­duc­ti­vi­dad y la com­pe­ti­ti­vi­dad de las empre­sas depen­den en grado impor­tante de la dota­ción del entorno de infra­es­truc­tu­ras y equi­pa­mien­tos bási­cos, insu­mos estra­té­gi­cos, ser­vi­cios públi­cos y otros “bie­nes comu­nes” sumi­nis­tra­dos por el Sec­tor Público, y por lo cual las gran­des empre­sas ape­nas rea­li­zan apor­ta­cio­nes sus­tan­ti­vas (por no hablar del con­junto de “eco­no­mías exter­nas nega­ti­vas” en los ámbi­tos de la salud o el medioam­biente que estas empre­sas pro­vo­can), ya que los des­víos que se rea­li­zan por las mis­mas a los “paraí­sos fis­ca­les” y la prác­tica habi­tual de ope­rar con “pre­cios de trans­fe­ren­cia” entre filia­les, les otorga ven­ta­jas de eva­sión fis­cal, uni­das a las faci­li­da­des que encuen­tran en los sis­te­mas fis­ca­les nacio­na­les a los que se chan­ta­jea con la ame­naza de mar­charse de dicho país.

 

Por ello, la dis­mi­nu­ción del peso de los sala­rios o ren­tas del tra­bajo, de un lado, y la muy escasa apor­ta­ción impo­si­tiva de los gran­des gru­pos empre­sa­ria­les y finan­cie­ros, de otro, dan como resul­tado un tipo de capi­ta­lismo finan­ciero tan desigual como des­co­nec­tado de las inno­va­cio­nes tec­no­ló­gi­cas, socia­les, ins­ti­tu­cio­na­les y medioam­bien­ta­les necesarias.

 

Las per­so­nas que tra­ba­ja­mos en los ámbi­tos del Desa­rro­llo Eco­nó­mico Terri­to­rial tra­ta­mos en nues­tro tra­bajo de bus­car la mejor orga­ni­za­ción terri­to­rial de las acti­vi­da­des pro­duc­ti­vas, el apoyo a la crea­ción de empre­sas vin­cu­la­das con la eco­no­mía local, y la cali­fi­ca­ción de los recur­sos huma­nos loca­les para la bús­queda de un empleo digno. Ahora se entiende algo mejor por­qué nues­tro tra­bajo es casi siem­pre visua­li­zado como mar­gi­nal por parte de los gru­pos que defien­den, cons­ciente o incons­cien­te­mente, este capi­ta­lismo finan­ciero y su argu­men­ta­ción de “res­pe­tar a los mer­ca­dos finan­cie­ros”. La banca que se pre­cisa es fun­da­men­tal­mente la “banca de pro­xi­mi­dad”, com­pro­me­tida con el desa­rro­llo pro­duc­tivo, el empleo digno y la sos­te­ni­bi­li­dad ambien­tal en los res­pec­ti­vos territorios.

 

Me parece que esta­mos ante un serio pro­blema pues es bas­tante pro­ba­ble que lo desecha­ble sea pre­ci­sa­mente este tipo de men­ta­li­dad finan­cia­ri­zada y lo nece­sa­rio el tra­bajo desde los terri­to­rios y con la gente, al menos para que el tipo de capi­ta­lismo del que nos dote­mos está algo más con­tro­lado por la par­ti­ci­pa­ción activa de todos los acto­res y no sólo por los gru­pos de poder financiero.

 

Fran­cisco Albur­quer­que, Espe­cia­lista en Desa­rro­llo Eco­nó­mico Local

 

Fuente: Garapenen bloga. Espacio de encuentro para profesionales que creemos en el Desarrollo Local
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