El Hogar Obrero. La fuerza de un ideal

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Descripción

Autor: Dr. Raúl T. Dellepiane

Edición: 2013

Páginas: 226

 

Extracto del libro:

“Capítulo I: El desafío de crecer

Publicaciones referidas a la Cooperativa El Hogar Obreroefectuadas por prestigiosos autores, entre otros los doctores NicolásRepetto, Arturo Vainstok, Rómulo Bogliolo, José Rodríguez Tarditi,Orlando Carracedo, Alberto Mario Caletti, han dejado fieles testimonios de la historia y evolución de esta institución señera en el mundo de la Cooperación.

Ahora (año 2010), las autoridades de la Cooperativa nos han encomendado continuar aquellas publicaciones, tarea que, solo por el hecho de haber sido testigos y en algunos casos partícipes del desarrollo de la Cooperativa a partir de la década de 1960, aun conociendo nuestras limitaciones en la materia, hemos aceptado su desafío.

En las publicaciones referidas se encuentran documentados la mayoría de las obras realizadas y los servicios prestados por la Cooperativa a sus asociados y a terceros.

Intentar empalmar nuestros testimonios con aquellos antecedentes remitiéndonos a lo que surge de las Memorias anuales de la Cooperativa, de las revistas y publicaciones periódicas editadas por la propia entidad y la Federación Argentina de Cooperativas de Consumo, nos ha parecido una labor de recopilación que, aun siendo útil para los estudiosos e historiadores, no reflejaría, sin embargo, las circunstancias, vicisitudes, etc., que dieron origen al crecimiento y expansión de El Hogar Obrero.

Intentaremos, por lo tanto, transmitir las intimidades de ese proceso; es decir, explicar las causas no explicitadas suficientemente en aquellas reseñas.

Comenzamos, a modo de prólogo, con una breve recapitulación de los antecedentes que produjeron una suerte de bisagra en la orientación de la Cooperativa para el cumplimiento de sus objetivos institucionales.

Luego intentaremos explicar el “porqué” de los emprendimientos que jalonaron los últimos cincuenta años transcurridos. Es conveniente entender la necesidad de los procesos de renovación y continuidad en los objetivos que justificaron la creación de Juan B. Justo, Nicolás Repetto y del grupo de cooperadores fundacionales.

A finales de la década de 1950 a 1960, la Cooperativa El Hogar Obrero enfrentaba circunstancias y problemas exógenos que imponían una necesaria adecuación de la organización administrativa y gerencial tradicional que permitiera superar la antinomia “crecer” o “vegetar”.

No todos los cooperadores coincidían, como era lógico, en decidir la vía a elegir. Algunos de los austeros y honrados administradores preferían continuar con parsimonia y moderación el modus vivendi. Razones también tenían, porque experiencias anteriores, como la construcción del edificio de Avenida Rivadavia, Ángel Giménez y Rosario, aparejaron dificultades patrimoniales y financieras producto fundamentalmente de la inflación, que llevaron con su costo final, a comprometer buena parte de su patrimonio, agravado porque las mismas causas impedían alquilar los departamentos con rapidez y recuperar la inversión (por ejemplo: el costo original de m$n 23.000.000 se elevó a m$n 38.000.000). Pero el dilema que se presentaba era evidente.

La inflación “devoraba” los ahorros de los cooperadores y la institución no podía compensar razonablemente a quienes lo hacían en número cada vez menor, prefiriendo desviar sus ingresos al consumo y no al ahorro.

¿Qué hacer, desde el ámbito de la cooperación libre, para evitar las nefastas consecuencias de la licuación del capital social y estimular el ahorro de sus asociados?

Contemplar estáticamente el desarrollo de las variables económicas, y solo conformarse con una administración austera y honesta, llevaba indefectiblemente a la desaparición de las cooperativas, en especial las de consumo. Así ocurrió con numerosas cooperativas que no advirtieron o no pudieron adecuarse a los cambios imprescindibles.

Con el propósito de no caer en ese destino, se imponía un sustancial cambio en la concepción vigente. El primero en señalar que la encrucijada debía ser superada rápidamente fue, a nuestro juicio y testimonio, Antonio J. Cartañá, el visionario Gerente, que desde tiempo atrás trataba de convencer a los indecisos cooperadores sobre la necesidad de un cambio silencioso pero revolucionario. El incansable y perseverante Cartañá impulsó el cambio y lo hizo con lealtad y sin ocultamientos, requiriendo las modificaciones que permitieran abrir nuevos horizontes.

Desoído por algunos, incomprendido por otros, su claro pensamiento obtuvo la conformidad de otros históricos cooperadores, que propiciaron cambios que permitieran encarar los nuevos rumbos.

Frente a la inflación desatada que constituía un cáncer que envilecía la moneda, la Cooperativa debía utilizar los aportes de los asociados poniéndolos a cubierto de su diario deterioro.

Aquel gran Gerente, con el apoyo de cooperadores de la talla de Manuel Palacín, José P. López, Arturo L. Ravina, Andrés Justo, Enrique Corona Martínez, Jesús Fernández y otros más, logró el cambio salvador de la institución. Sus ideas constituyeron el motor del crecimiento, continuado por su sucesor en la Gerencia, Antonio D. Menéndez, y, posteriormente, por Jorge Fernández, quien fue el gran realizador de innumerables emprendimientos y servicios.

Con la nueva concepción abierta por Cartañá, y con el apoyo logístico de Eduardo Lazzati, quien modernizó las viejas estructuras administrativas, perfeccionó la distribución y control de los bienes y concibió servicios adicionales, la Cooperativa El Hogar Obrero pasó a ocupar el rango de las principales empresas argentinas y el de la primera entidad Cooperativa.

Pero para llegar a tal nivel existieron muchas etapas intermedias que no deberían ser olvidadas, de manera tal que este prólogo no parezca un mero alegato. Si la razón se prueba por los resultados, la experiencia histórica evidencia que la mayor parte de las cooperativas de consumo desaparecieron como tales, por no poder adecuarse a la nueva

El origen de la fusión con El Hogar Obrero de antiguas y prestigiosas entidades, que cumplían ese objetivo, lo constituyó la situación de insolvencia por la que atravesaban que las colocaba en estado de cesación de pagos y de ulterior quiebra.

El Hogar Obrero contribuyó con esas fusiones a mantener el prestigio del sistema cooperativo, impidiendo las liquidaciones judiciales y, al mismo tiempo, salvaguardar la honra de sus directivos, personas de bien, que sacrificaron muchas veces sus propios patrimonios personales.

Como contrapartida de lo expuesto, la sobrevivencia y actual vigencia de la Cooperativa Obrera de Consumo y Vivienda de Bahía Blanca, cuyos directivos comprendieron la necesidad del cambio, transformando los “viejos despachos de mercadería” en una verdadera empresa, constituye un ejemplo del resultado de una buena administración.”

 

Antecedentes del autor

Raúl Tadeo Dellepiane nació en la Ciudad de Buenos Aires el 28 de abril de 1928. Vivió sus primeros años en el barrio de Flores y, desde 1936, en Martínez, partido de San Isidro, provincia de Buenos Aires.

Concurrió a la Escuela José Manuel Estrada de la Capital Federal (actual CBA), primera escuela fundada por Domingo F. Sarmiento y, posteriormente, a la Escuela 10, en la ciudad de Martínez. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de San Isidro y la carrera de Abogado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

Se afilió al Partido Socialista en diciembre de 1945 y fue cofundador de la Juventud Socialista “AVANCE” de San Isidro. Fue un joven discípulo de los doctores Alfredo Palacios y Nicolás Repetto y el miembro más joven del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Socialista, compartiendo su actividad en dicho órgano con figuras señeras como Nicolás Repetto, Jacinto Oddone, Arturo Orgaz, Juan Antonio Solari, Américo Ghioldi, Andrés Justo, Pérez Leirós, Luis Pan, Arturo L. Ravina, entre otros.

Se desempeñó como secretario general del Centro Socialista de San Isidro y como director del periódico Labor, editado por ese Centro. Fue electo concejal municipal por el período 1963/1965.

En el plano estudiantil, fue cofundador del “Centro de Derecho y Ciencias Sociales” y de la “Cooperadora” del Centro de Derecho, donde ejerció las funciones de administrador ad honorem, así como diversos cargos en las Comisiones Directivas de esas entidades, entre ellos, el de presidente del Tribunal Electoral en reiteradas oportunidades.

En la función pública fue designado, en 1956, secretario general de la ex Caja Nacional de Previsión para el Personal del Estado (Ley 4349), de la que fue, posteriormente, su presidente.

También se desempeñó hasta su desvinculación de aquellas funciones, en 1967, como asesor letrado de la ex Caja de Previsión para Profesionales.

En el orden político, fue candidato a cargos electivos en diversas oportunidades como así también integrante del Comité Ejecutivo Nacional, del Consejo Nacional del Partido Socialista Democrático y apoderado general de la agrupación. Además, fue director legal de La Vanguardia desde 1977, CARGO QUE ASUMIÓ EN RAZÓN DE HABER SIDO AMENAZADO DE MUERTE EL DIRECTOR EJECUTIVO JUAN JOSÉ PODEROSO, Y QUE SE PROLONGÓ HASTA SU DESIGNACIÓN COMO SECRETARIO GENERAL DE DICHO PARTIDO.

En su carácter de abogado, se desempeñó como asesor letrado de “El Hogar Obrero”, Cooperativa de Consumo, Edificación y Crédito Ltda., desde 1965 hasta marzo de 1992, y de la Federación Argentina de Cooperativas de Consumo. Fue delegado, en representación de la Cooperativa “El Hogar Obrero”, al Primer Congreso Continental de Derecho Cooperativo, celebrado en la Universidad de Mérida, Venezuela, en noviembre de 1969.

Ejerció como conjuez de la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires, desde 1984 hasta acceder al beneficio de jubilación de la Caja de Abogados de la Provincia de Buenos Aires.

Se desempeñó como representante alterno de la Federación Argentina de Cooperativas de Consumo ante Coopera, y de la Federación de Bancos Cooperativos, en representación del Banco Roca Cooperativo Ltdo., institución donde ejerció su Presidencia entre los años 1981 y 1983.

Fue electo precandidato a la Presidencia de la República Argentina, por el Congreso Nacional del Partido Socialista Democrático, celebrado el 1 de septiembrede1988, para las elecciones presidenciales del año 1989, candidatura a la que renunció para facilitar la concreción de la “Unidad Socialista”, que consagró la fórmula Estévez Boero- Bravo.

Integró, ad honorem, el Consejo para la Consolidación de la Democracia, cargo que desempeñó hasta la renuncia del doctor Raúl Alfonsín y como tal fue coordinador, bajo la dirección del doctor Gerardo Carrió, del Congreso Internacional para la Reforma Constitucional, en mayo de 1988, presidido por el doctor Carlos S. Nino.

Actualmente, si bien se encuentra jubilado, continúa realizando distintas actividades intelectuales y de asesoramiento; permanece vinculado a toda la problemática de “El Hogar Obrero”, cuyo Consejo de Administración le encomendó la tarea de proseguir, mediante la elaboración de la presente obra, con el trabajo iniciado por el doctor Nicolás Repetto y continuado por autores de la valía de Arturo Vainstok, Rómulo Bogliolo, José Rodríguez Tarditi, Orlando Carracedo y Alberto Mario Caletti entre otros.

 

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