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El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, momento que nos invita a reflexionar sobre los avances y las asignaturas pendientes hacia el camino a la igualdad de derechos de las mujeres en todo el mundo. En los últimos años a partir de las campañas globales y movimientos como el #Me Too y #TimesUp en los Estados Unidos, el #Ni Una Menos en Argentina y campañas homólogas en otros países, sobre temas que van desde el acoso sexual y el femicidio hasta la igualdad de remuneración, el derecho a decidir sobre sus cuerpos y la representación política de las mujeres, se produjo un salto cualitativo a nivel global, en relación al proceso de lucha y reivindicación por los derechos de las mujeres.

Si bien es cierto, que estas luchas datan de una larga historia, y son parte de una agenda ya instalada, sin embargo, es de destacar, que actualmente han adquirido una nueva dinámica en el marco de los movimientos de protesta en todo el mundo, que combina reivindicaciones locales, con demandas globales transversales a todas las mujeres más allá de las diferencias raciales y de clases sociales.

En Argentina, este movimiento en su más diversas expresiones se instaló de lleno a partir de la campaña #NiUnaMenos, en 2015 con la marcha y movilización por la denuncia contra los femicidios y por el fin de la discriminación y violencia contra las mujeres y se ha transformado en un nuevo eje de la discusión social, política y cultural.

Frente a este nuevo contexto social, político y cultural, cabe preguntarnos quienes integramos el campo de la Economía Social y Solidaria: ¿cómo se posiciona el sector ante esta nueva realidad? ¿Cómo dialoga el movimiento cooperativo y mutual con el movimiento por la igualdad de géneros y empoderamiento de las mujeres?

El sector asociativo desde sus orígenes abrevó una vocación transformadora de la sociedad, su ideario, sus valores y principios así lo expresan, una profunda convicción de contribuir a la construcción de una nueva cultura, solidaria, de puertas abiertas, participativa, democrática, inclusiva, sin distinción de razas, credos, clases, ni géneros, de respeto por los derechos humanos, económicos, sociales, políticos.

Por su naturaleza, las entidades cooperativas y mutuales asumen el compromiso, tanto desde sus principios y valores, como desde su accionar para la contribución a la igualdad y equidad de género.

Sin embargo, si observamos en la práctica, aún queda mucho camino por recorrer. Según una encuesta realizada en 2014 por Cooperativa de las Américas, Región de la Alianza Cooperativa Internacional, la membrecía de las cooperativas de la región alcanza al 52 por ciento de las mujeres y esto no se refleja en la composición de los Consejos de Administración y otros órganos de dirección, así como en los cargos gerenciales.

En nuestro país, el movimiento cooperativo no es ajeno a esta situación. Más allá de los avances realizados en los últimos años, existe una participación de mujeres mucho menor en relación a los varones. Sobre todo, en la medida en que se asciende dentro de la organización a mayores cargos de decisión, la participación disminuye. Esto es muy notorio en la conformación de los órganos directivos, tanto de base, como en federaciones y confederaciones.

Por eso este año, siguiendo a la ONU, bajo el lema “Generación Igualdad,” Por el derecho de las Mujeres, que nos convoca a reflexionar, a hacer un balance y redoblar nuestros esfuerzos en pos de la igualdad, y a seguir trabajando por los ODS, en particular el Nº 5 que trata sobre el logro de la igualdad entre los géneros y empoderamiento de todas las mujeres, como un elemento esencial para lograr un desarrollo inclusivo y sostenible. En ese sentido las organizaciones tienen mucho para aportar, en tanto empresas que se caracterizan por sus principios y valores solidarios, pueden jugar un papel clave en el empoderamiento de las mujeres hacia el interior de la propia estructura, como hacia el conjunto de la sociedad, contribuyendo desde sus valores y sus prácticas a redefinir estereotipos de poder y construir una nueva cultura, solidaria y democrática que incluyan por igual a varones y mujeres.