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Con sorpresa y algo de indignación leí la nota editorial del diario La Nación del día 15/03/2020 titulada “Economía Popular, otra fantasía Socialista”, página 24, nota de la que se desprende claramente el objetivo de formar opinión y dar contenido a quienes los necesitan para argumentar en contra del gasto público.

Debemos decir que la economía popular y sus acepciones usuales como: economía social, economía social y solidaria, cooperativismo y mutualismo, economía del buen vivir, es una respuesta política en su acepción general, pero no una respuesta político partidaria socialista como lo encuadra la editorial de hoy, uno de los principales medios de comunicación escrita de Argentina.

Negar que la economía popular constituye una forma alternativa de generar empleo es desconocer la concreta realidad de nuestro país, que da cuenta de también concretas y reales repuestas que dieron y dan las distintas formas de organización asociativa a las personas que, por contar con menor capital económico y social disponible, no pueden individualmente resolver sus necesidades y sí lo consiguen asociativamente, obteniendo de tal modo la posibilidad de organizar su producción, los servicios y alcanzar una escala de negocio que les permite mejorar su condición económica, ingresos y presencia en el mercado. No parece poco y no es poco.

A renglón seguido dicen que no es posible la generación de empleo sin Estado. Error, porque la economía popular no es economía estatal, sólo requiere de un Estado presente que iguale las oportunidades de generación de auto gestión de esta inmensa población que no tiene espacio en la economía formal “generalmente aceptada”, es decir, empleados en relación de dependencia de empresas de lucro.

Un valor de la economía popular es la solidaridad. Solidaridad es ayuda mutua para progresar juntos, no solo es la actitud del ciudadano ante una catástrofe natural o las acciones que dentro del concepto de responsabilidad social se utiliza en el ámbito empresario. Para la Economía Popular, la solidaridad es el eje de las formas de organización, en el convencimiento de que sus posibilidades dependen de una alternativa asociativa. Su salida es conjunta y no individual.

El objetivo de la Economía Popular es lograr que los 4.000.000 de argentinos mencionados en la editorial se apoyen mutuamente para que no caerse del mapa de nuestro país. A su vez, la estrategia de la economía popular es articular el espacio político y económico con el sector de la economía social, porque se sabe, nunca ha sido, y se supone que no será, un objetivo del sistema capitalista levantar a los heridos que van quedando en el camino.

Debemos ser claros. En Argentina se invirtió y se puede y se debe invertir con una orientación solidaria y de bien común.

No somos una Argentina extravagante por creer y apostar a la alternativa de la economía social. Porque nuestro país necesita equilibrio en los distintos modelos de desarrollo y se potenciará con Economía de Capital, Economía de Estado y Economía Social.

Otro error conceptual de la editorial es asignarle a la economía social el sólo “mote” de economía artesanal. La economía popular es artesanal y es también economía dinámica, de acumulación social y de aplicación intensiva del conocimiento.

El artículo, lejos de proponer una alternativa que nos permita aquí y ahora atender los problemas de quienes se unen a la propuesta de la Economía Popular, al Cooperativismo y al Mutualismo por necesidad y convicción, plantea el clásico posicionamiento de los defensores del modelo de economía capitalista – cuyas virtudes no desconocemos- , pero no nos plantea qué hacer con esos 4 millones de argentinos que han quedado afuera y obvia hacer mención justamente al muy estudiado dilema del capitalismo: cómo resolver la desigualdad.

Sin respuesta ni propuesta al problema de fondo, el editorialista sí se detiene en descalificar a dirigentes políticos y sociales y a quienes creen en lo que interpreta como una utopía y nos deja esperando a que se produzca el crecimiento por inversión capitalista y su derrame.

Cerramos esta réplica diciendo con responsabilidad que la economía popular social, el sector cooperativismo y el sector mutual son una construcción colectiva, abierta, democrática, participativa y contributiva la paz y no es un camino peligroso como lo expresa la editorial de La Nación del día de hoy.